El Señor de las tinieblas

0


“Hombre búho”. Esta pequeña imagen de cobre y la máscara de un búho formaron parte del ajuar funerario del peculiar personaje hallado por el equipo de arqueólogos. Texto y fotos: Roberto Ochoa B.

En Huaca Rajada, Sipán, aún hay lugar para el asombro. Un puñado de arqueólogos halló hace poco los restos óseos, las armas, el ajuar funerario y una preciosa efigie del “hombre búho”, un personaje de la élite social, religiosa y militar de la enigmática cultura Moche.

El arqueólogo Luis Chero Zurita recuerda uno de los momentos más gratos de su carrera. A mediados del 2007, cuando las noticias de un nuevo hallazgo en la tumba número 14 del célebre complejo arqueológico Huaca Rajada, en Sipán, ya habían dado la vuelta al mundo, Chero halló una singular imagen de cobre de solo doce centímetros de alto ubicada al lado del cráneo del personaje enterrado con toda pompa 1,800 años atrás. El hallazgo lo dejó atónito.

¿Cómo explicar el asombro que provoca esta pequeña imagen en un arqueólogo con veinte años de experiencia y acceso directo a las finísimas piezas de oro y plata que se siguen descubriendo en Huaca Rajada?

“Era el único rincón que faltaba excavar –recuerda Chero–, ya habíamos extraído una corona en forma de ‘V’, un collar de siete cabezas felínicas, cinco porras, dos copas instaladas en cada mano y dos narigueras, una de oro a la derecha y otra de plata a la izquierda”. Todo lo encontrado parecía la antesala de un nuevo hallazgo de otro personaje de la ahora conocida élite Moche, pero Chero no esperaba toparse con esta efigie.

Hurgando en un pequeño montículo de adobe aún sin excavar, y cuando parecía que allí ya todo estaba descubierto, de pronto Chero se sintió observado. Primero con la escobilla y luego con el pincel fue retirando el polvo acumulado en casi dos mil años. Surgieron entonces unas pupilas turquesa, pequeñitas, que poco a poco, con esa paciencia que caracteriza a los arqueólogos, fue revelando un ídolo de cobre vaciado, único en su género.

La pequeña estatuilla, casi de la altura de un lapicero, representa con su fino diseño a un “hombre búho”, ese enigmático personaje de la cultura Moche que era considerado el “eslabón” que faltaba para entender una escena clásica de la sofisticada iconografía Moche.

Se trata de la “escena de la presentación o sacrificio” (ver infografía) que hace veinte años era considerada como una simple especulación artística de los mochicas, pero que a raíz del hallazgo del Señor de Sipán, en 1987, y los posteriores descubrimientos en Trujillo, Magdalena de Cao, San José de Moro, Sicán y Túcume, fueron tomando una sorprendente realidad pues cada personaje fue reconocido conforme avanzaron las investigaciones de esta prodigiosa y enigmática civilización norteña.

En la iconografía en mención se puede apreciar, en un primer nivel, al Señor de Sipán recibiendo una copa del “hombre búho”, quien está acompañado por una sacerdotisa (similar a las mujeres halladas en las tumbas de San José de Moro y de Huaca El Brujo), y, al extremo, a otro gran personaje cuyo equivalente vendría a ser el viejo Señor de Sipán. Debajo, en otro nivel, se puede distinguir la representación de los sacrificios de prisioneros.

“En esa escena solo faltaba el hallazgo del segundo personaje, el mítico “hombre búho” que entrega una copa ceremonial al gran Señor”, asegura Chero. La osamenta estaba en regular estado de conservación, corresponde a un personaje masculino de aproximadamente 30 años y de 1.69 metros de estatura. Era alto para su época.

Maravillados. Luis Chero y el experimentado restaurador Segundo Gonzales contemplan la imagen del “hombre búho” en el laboratorio de Sipán.

Solo así podemos comprender el asombro del experimentado arqueólogo lambayecano.

Luis Chero, junto con Walter Alva y Susana Meneses, sorprendieron al mundo con los hallazgos de la tumba del Señor de Sipán, en 1987, y dos años después con la fastuosa tumba del Viejo Señor de Sipán. El ajuar funerario de ambos hallazgos está conformado por finas piezas de orfebrería de oro y plata que siguen asombrando a los miles de turistas que visitan el Museo de las Tumbas Reales, en Lambayeque.

Sin embargo, esta pequeña imagen de cobre se ha convertido en la consentida de los arqueólogos y conservacionistas de Huaca Rajada.

En su taller de restauración, ubicado a pocos metros de las tumbas en Huaca Rajada, Segundo Gonzales Rumiche trabaja desde 1989 con las bellísimas piezas de oro, plata y cobre dorado de casi todas las tumbas halladas en la zona. Desde hace veinte años Gonzales está acostumbrado a tratar con finísimas piezas de metales preciosos, pero la imagen de humilde cobre del “hombre búho” lo tiene subyugado.

“Será de cobre pero es una pieza única –sostiene Gonzales–, con detalles inéditos en la metalurgía Moche, y debió ser muy importante porque fue colocada justo al lado de la cabeza del personaje enterrado en la tumba 14. Es un ‘hombre-búho’ de carácter sacerdotal, pero luce armado con porra, estólica y escudo, las armas clásicas de los guerreros moches”.

Búhos y lechuzas abundan en el mundo, pero en los alrededores de Sipán y en casi todo el norte peruano, justo en el área de influencia de los moches, mantienen una relación especial con los agricultores. A diferencia de otras aves rapaces, el búho es un cazador nocturno, el que acaba con las sabandijas y siempre vinculado a la muerte y a la oscuridad.

El búho era el señor de las tinieblas en una época –la de los moches– en que la noche se llenaba de peligros y amenazas para los hombres.

HUACA RAJADA. Las pirámides de Huaca Rajada son escenarios de nuevos hallazgos arqueológicos

En la iconografía Moche se puede ver al “hombre búho”presenciando el combate mitológico conocido como “la rebelión de las cosas”. También aparece como personaje central en escenas de sacrificios humanos y otros momentos del feroz ritual de captura y ejecución de prisioneros.

Y es precisamente el personaje que faltaba para comprender algo más de esa sofisticada cultura que floreció hace más de mil años y que desapareció misteriosamente. Un personaje cuya función social fue la de unir a los dioses con el mundo de los vivos y de los muertos.

Será por eso que el arqueólogo Luis Chero Zurita no deja de contemplar la pequeña efigie del “hombre búho” como tratando de hallar alguna respuesta al sinnúmero de preguntas que produce cada hallazgo en los restos arqueológicos moches.

Y es que en Huaca Rajada, después de tantos hallazgos, todavía hay espacio para el asombro.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here